Cristina Real es doctoranda en el programa de Diseño y Comunicación de BAU/UVic-UCC. Es Técnica Superior en Modelismo de indumentaria, Graduada en Diseño (especialidad Moda), Máster en Comisariado de Arte en Nuevos Medios y patronista a tiempo completo. El interés por el patronaje la acompaña a diario, extendiéndose también a métodos experimentales de patronaje. Su tesis explora, entre otros temas, la relación cuerpo/patrón/prenda. Hablamos con Cristina para conocer en profundidad sus avances y métodos de investigación:
P. ¿Cuándo y por qué empezaste a investigar en torno al patronaje?
R. Siempre me ha interesado la ropa y empecé desde bien pequeña a descoser pantalones y mangas. Un día (tendría unos 10 años) fui a ponerme un pantalón y me di cuenta de que en la zona de la entrepierna pasaban cosas que no era capaz de comprender: se juntaban líneas y piezas cuyas formas no se amoldaban a mi conocimiento de esa parte del cuerpo. Me miré al espejo buscando respuestas, pero no las obtuve, así que empecé a desmontar como forma de conocer (la prenda, pero también mi cuerpo) y a preguntarme el porqué de esa configuración.
Sigo teniendo grabada en la cabeza la imagen de las piezas del pantalón y a mí misma mirándolas con cara de sorpresa: ‘¿Por qué hay un pico?’ Recuerdo que en aquel momento equiparé lo que el pantalón me estaba mostrando con lo que conocía, la forma de unas bragas, y pensé: ‘¿Por qué no se parecen si son para la misma zona?’ Esa pregunta sembró germen y mi relación con la ropa siempre se ha basado en intentar comprenderla. Más tarde, estudié diseño de moda y el patronaje fue la asignatura con la que más disfrutaba, así que decidí seguir profundizando en la disciplina.
P. ¿De qué manera el patronaje influye en las presiones para tener un cuerpo normativo? ¿Existen vínculos entre la moda, los cánones de belleza y el bienestar de las personas?
R. Esta pregunta es compleja y debe ser respondida en dos partes. En primer lugar, el patronaje no es solamente la parte técnica de la moda. No es un agente pasivo, ni una simple herramienta de traducción formal y volumétrica, sino que configura cuerpos. A través de una serie de mecanismos, estandariza medidas, tamaños, volúmenes y propone moldes para la producción de prendas en masa. En la palabra molde (o bloque) se encierra ya esa normatividad.
El patronaje industrial toma como referencia datos y no cuerpos. Así, la creación de patrones se desarrolla a partir estadísticas y rangos numéricos de población, que se traducen en tablas de medidas estandarizadas —sesgadas por la muestra corporal ciudadana con la que se trabaja—. Estas medidas configuran las tallas y en ellas se materializan el promedio, la norma (talla M) y los ideales asignados a los cuerpos socialmente aceptados. Todo lo que se aleja de esa relación ideal de medidas es excluido del sistema y tratado como un problema particular de los cuerpos, no de las tallas. De esta manera se fuerza a los cuerpos a encajar dentro de esos ideales, con toda la carga psicológica y la presión social (pero también autoimpuesta) que esto trae consigo: ejercicio, dietas, cirugías, enfermedades, etc.
La segunda parte de la pregunta tiene más que ver con una perspectiva sociológica y psicológica de la moda que con el foco central de mi investigación; aun así, añadiré que la moda produce canon y lo amplifica. Las imágenes de moda (editorial, pasarela, etc.) muestran mayoritariamente cuerpos ideales, y vivimos bombardeados por ellas. Incluso los cuerpos considerados como ‘curvy’ están proporcionados en la relación pecho-cintura-cadera, por tanto, siguen siendo normativos y bellos. Así, se genera una distancia insalvable entro lo que mi cuerpo es y esos otros cuerpos que veo en lugares adornados de belleza. El cuerpo bello, aceptado, al que se aspira es aquel otro y no el mío, por lo que la autoestima o la confianza en una misma, se ven mermadas. Por otro lado, hemos de ser conscientes de que no todo el mundo tiene el mismo acceso a la ropa. He trabajado en una empresa de tallas grandes y puedo garantizar que la barrera es real —la ropa de tallas grandes es más cara y no todos los cuerpos encajan bien en ella—. Hay muchas personas que no encuentran ropa que ponerse, ya no hablamos de ropa que les guste, sino ropa en la que quepan. Este choque con la realidad genera un malestar social y psicológico muy profundo.

P. ¿Por qué decidiste hacer el doctorado en BAU?
R. Porque conocía a Carlos Anselmo (que se doctoró no hace mucho) y me había hablado muy bien del programa, además había visto que se iniciaba el doctorado en diseño y me pareció una buena oportunidad para lanzarme.
P. ¿Qué métodos de investigación estás aplicando?
R. Pues estoy desarrollando un conjunto híbrido de métodos, algunos de corte cuantitativo como las encuestas, otros cualitativos como entrevistas, mezclados con métodos más experimentales como la visualización de datos, la somatografría o la (auto)etnografía.
P. En relación a los métodos de patronaje experimental, ¿cómo pueden contribuir a transformar los modos de diseñar ropa para cuerpos diversos?
R. Realmente los métodos de patronaje experimental (Lindqvist, Roberts o Iszoro) son una fuente de inspiración y recursos para mí, pero no estoy profundizando es esa faceta creativa del patronaje, más bien lo contrario: estoy indagando en la manera en la que se producen (cubren) cuerpos industrialmente en su versión más elemental: patrones base y bloques. No estamos hablando aquí de diseño, sino de procesos productivos, estandarización y soluciones técnicas. Aunque, respecto a la relación diseño-cuerpos, es fundamental entender dos cosas:
- Los cuerpos ‘diversos’ no necesitan más diseño, sino mejor. Se tiende a pensar que dar visibilidad a este tipo de cuerpos pasa por ‘adornarlos’ para llamar la atención sobre ellos. Sin embargo, es más importante entender sus diferencias respecto a los cuerpos ideales para aportar un mejor diseño en cuanto a comodidad, ajuste y movimiento.
- Copiar diseños para cuerpos normativos y aplicarlos a ‘diversos’ no es buena idea si no se adapta el patronaje según necesidades: si los cuerpos no son iguales y no responden a las mismas características físicas o de movilidad, los diseños y patrones tampoco pueden serlo. Un ejemplo sencillo puede servir para ilustrarlo: ante una blusa con un botón de cierre en la nuca o una falda con cremallera en la espalda (o en un lateral), un amplio porcentaje de cuerpos no normativos (gordos, discapacitados o viejos), no podría abrochárselas, por tanto, ese tipo de diseño no sirve, es excluyente.
P. Tu investigación doctoral trata la idea de cuerpo desde un punto de vista industrial, mesurable y estandarizable. ¿Cómo se construye este cuerpo y de qué manera se puede medir?
R. Esta pregunta ya ha sido respondida más arriba, pero añado un par de puntos más que me parece interesante poner sobre la mesa.
La construcción de este tipo de cuerpo parte de una serie de operaciones de corte industrial y técnico, pero también discursivo. El cuerpo se transforma en un objeto industrial que explorar, medir y cuantificar. Pero estos procedimientos no se realizan sobre cualquier cuerpo, sino sobre un rango seleccionado que representa un ideal normativo: cuerpos jóvenes, delgados, proporcionados, simétricos, funcionales. Éstos son los cuerpos a partir de los cuales se configuran las tallas y, por tanto, las personas a las que la ropa sentará bien. El resto tratarán de encajar en ella como puedan, o directamente no encajarán.
De esta manera, la medición de cuerpos no es una práctica neutral, sino que implica decisiones sobre qué es una medida correcta o deseable y qué desviaciones de ésta son toleradas. El cuerpo entendido como objeto industrial se pone al servicio de los imperativos de la producción en masa, que exigen eficiencia, seriabilidad y simplificación extrema, eso es lo que los patrones representan y contienen.

P. ¿De qué manera la clase afecta a las presiones por un cuerpo normativo? ¿Y el género?
R. Esto se escapa del núcleo de mi tesis, pero añadiré que: tener más dinero (pertenecer a una clase social más alta o acomodada) implica tener más tiempo y recursos para cuidar el cuerpo, mejor acceso a una alimentación variada y ‘saludable’, ropa hecha a medida, etc. Es más fácil juzgar a un pobre y gordo como descuidado, vago y falto de salud, que a un rico y gordo, que aparenta gozar de una ‘buena vida’. Además, es la clase dominante la que determina los cuerpos a los que se aspira.
Por último, y sin entrar en demasiados detalles, han sido las mujeres las que han sufrido desde siempre las presiones estéticas en cuanto a canon y normatividad se refiere: tenemos mil ejemplos que lo explican, pero el que más aparece en la literatura asociada es el uso del corsé. El corsé crea cuerpos, pero también define clase e identifica a un género como inferior a otro (sumiso). En cuanto a los hombres, de ellos solo se esperaba fortaleza o virilidad, pero estas presiones siempre han sido más laxas. Actualmente el estándar atlético es el imperante, pero se aplica por igual a todos los géneros. Respecto a las personas trans y no binarias, se enfrentan a todos los problemas de corporalidad normativa ya mencionados, pero además se suman normatividades producidas dentro de sus propias comunidades, por lo que, en sus casos, la normatividad (y los prejuicios) les viene multiplicada.
P. ¿Cuál es el rol de las tallas, cómo se calculan y cómo influyen en la sociedad? ¿En concreto, cuál es tu interés por la talla M? ¿Cómo se vincula la política con el diseño?
R. Las tallas tienen un triple rol: clasificación de cuerpos (promueve la comparación entre ellos y la producción de ideales, así como de aspiracionalidad); creación de estándares corporales (genera normatividad) y eficiencia productiva (cubrir el mayor número de cuerpos con el menor número de tallas posible). Estas tallas se calculan a partir de tablas de medidas preexistentes o de estudios antropométricos, que como ya se ha mencionado, están sesgados por el rango de muestra poblacional. Además, las tallas varían en cada país porque los estándares corporales son distintos, lo que complejiza más si cabe la problemática con la relación tallas-cuerpos.
Me interesa la talla M porque opera como un dispositivo para normalizar cuerpos y estudiarla me permite visibilizar cómo se construye esa normalidad y cómo se excluye a quienes no encajan en ella. Es interesante apuntar aquí el concepto de tallas vanidosas: las marcas identifican sus prendas con tallas deliberadamente pequeñas porque así ‘aumentan’ la autoestima de las mujeres cuando las compran y eso ayuda a fidelizarlas. Es una perversión en toda regla que viene a perpetuar lo delgado y pequeño como el objetivo a alcanzar, lo deseable y la norma.
En cuanto a la política, todo diseño es político porque implica decisiones sobre a quién se dirige un producto y a quién excluye y cómo (por tamaño, dinero, localización, etc). La producción de tallas, en concreto, es una tecnología de poder que regula cuerpos y, por tanto, es una práctica política. Si existiera otro tipo de normativa (más estricta e inclusiva) que regulase la producción de moda respecto a tallas y tamaños, probablemente estaríamos ante otro escenario.
P. ¿Qué alternativas podrían existir al sistema de tallas actual?
R. Es una buena pregunta sobre la que llevo tiempo pensando, de hecho, hace poco le pedí a ChatGPT que inventara un sistema de tallas desde cero, sin tener en cuenta ningún conocimiento o dato que pudiera tener sobre la forma en la que opera la industria de la moda actual y su resultado fue muy similar a lo que ya conocemos.
En primer lugar, hay que tener en cuenta que los problemas de tallas o de mal ajuste de patrones son el principal motivo de devolución de prendas, por tanto, la ropa se hace mal; o sirve únicamente a un rango pequeño de cuerpos. En este sentido, habría que mejorar mucho los datos de población con los que contamos para crear mejores estadísticas y mejores patrones. Esto es algo que ya se está haciendo.
En segundo lugar, hay que ampliar y mejorar el rango de tallas porque 5 (de promedio) no son suficientes (tampoco lo son 7 ni 9). El problema es que más tallas, es más coste productivo y ropa más cara; y en general no estamos dispuestos a pagar mucho más por la ropa.
Y en tercer lugar, falta mucha información sobre todo: target específico o incluso modelo de ajuste de las marcas (para saber cuál es su cuerpo ideal), medidas reales con las que trabajan (no las del maniquí o las tablas industriales), holguras de las prendas (no vale solo con designarlas como ‘oversize’), medidas de las prendas en plano (para saber si se parecen a otras prendas que yo ya tengo), elasticidades (¿entraré como una butifarra?), tipos de senos con lo que crean sujetadores, etc.
Es muy difícil crear un sistema nuevo, pero sí podemos tratar de mejorar el que ya existe para hacerlo un poco más amable con todas.
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