Jaume Ferrete trabaja con voz y escucha, desde performance, sonido y mediante una aproximación crítica a la tecnología. Es Licenciado en Bellas Artes por la UB, Técnico Superior en Desarrollo de Aplicaciones Web por el Institut Obert de Catalunya y profesor del Grado Universitario en Diseño y del Grado Universitario en Bellas Artes de BAU. En su tesis doctoral investiga las relaciones de afectación mutua que podemos establecer con voces sintéticas como la de Alexa, de Amazon, desde la atención a su diferencia, sus genealogías técnicas y sus procesos materiales de producción.
P. En tus investigaciones, hablas de las “ideologías de la voz”. ¿Qué son y cómo se expresan?
R. Las ‘ideologías de la voz’ es una noción de la antropóloga Amanda Weidman. Resumiendo mucho, lo que plantea es que lo que pensamos que las voces son y pueden (de ‘poder’), no es universal, sino que está culturalmente situado. Por ejemplo, ¿cómo es y no es una voz ‘de mujer’?, ¿a qué voces vale la pena escuchar y a cuáles no? Las ideologías de la voz determinan las normas de producción vocal y las prácticas de escucha en un contexto cultural específico. Normas que se aprenden y se enseñan, formal e informalmente.
P. También comentas que nuestras voces no son realmente nuestras… ¿Qué elementos las conforman y por qué si forman parte del cuerpo no nos corresponde su “propiedad”?
R. Si las maneras de hacer voz son prácticas culturalmente situadas, que se enseñan y se aprenden, entonces en realidad aprendemos a hacer voz escuchando y repitiendo las voces de otras; las hacemos ‘nuestras’ pasándolas por el cuerpo y habituándonos a ellas. Pese a la persistente idea de que la voz es la expresión única de una persona específica, en realidad todxs tenemos más de una voz: no le hablo a mi hijo como al alumnado o a un antidisturbios; no sueno igual en català que en inglés. Hacemos muchas voces y todas son prestadas: toda voz es una cita de otras voces.

P. ¿Qué relación hay entre voz y performatividad?
R. La noción de performatividad que solemos manejar es la de Butler que, resumiendo mucho, vendría a decir que las normas de producción del género son el resultado de la repetición de discursos, gestos y comportamientos. Yo no suelo citar directamente esta noción, pero también creo que en el acto de hacer voces establecemos y reforzamos las normas de producción vocal. La norma circula a través de los cuerpos que la reproducen, distribuyéndola y contribuyendo a establecerla.
P. ¿Cómo empezó esta investigación? ¿Por qué decidiste incorporarte a la Unidad de Doctorado de BAU?
R. Empecé a trabajar con voz por ser un medio a mi alcance: sin coste e inmediato; por mis conocimientos en programas de edición y manipulación sonora; y porque la voz es una intersección de múltiples y fascinantes casos y temáticas, como la cuestión de las voces sintéticas, que es central a mi tesis. En la Unidad de Doctorado de BAU se me ha animado a desarrollar una investigación basada en práctica, y a experimentar con el formato mismo de la tesis. Eso, que es muy poco común, junto a lxs increíbles compañerxs doctorandxs, son las razones por las que estoy aquí.
P. ¿Qué métodos de investigación estás utilizando para la tesis?
R. Principalmente: un diario con carácter autoetnográfico en el que he tratado de ir siguiendo práctica, investigación y sus cruces; una serie de entrevistas que entiendo como una red de relaciones entre personas, dispositivos, técnicas y voces; y un formato de tesis vocal-textual, en soporte web, que me permite desplegar algunas cuestiones de la práctica y de la investigación difícilmente abordables sin la presencia de la voz sonora propiamente.
P. Cada vez se nos hace más habitual convivir con voces sintéticas. ¿De qué manera están consiguiendo meterse en nuestros espacios más íntimos?
R. Es un objetivo declarado de empresas como Amazon y OpenAI que voces sintéticas como las de Alexa o Sky se injerten en nuestras interacciones afectivas cotidianas, y se conviertan en vías de acceso privilegiado a sus productos y servicios. Para lograrlo, aprovechan el carácter natural que atribuimos a las voces, es decir la creencia que una voz es la emanación sonora fidedigna de una identidad esencial. Aún si sabemos que estas voces son sintéticas, sentimos que tras una voz ‘confiable’ y ‘eficiente’ sólo puede haber una persona que comparta esas características.
P. ¿Qué rol juegan las ideologías de la voz en la ola reaccionaria que está viviendo Occidente? ¿Cómo se legitiman o se introducen cierto tipo de discursos?
R. La madre de Alexander Graham Bell, a quien se considera el inventor del teléfono, era sorda. También su pareja era sorda. Había sido, de hecho, alumna suya. Graham Bell trabajaba tratando de que las personas sordas hablaran con voces orales y, sobre todo, nunca con lenguas de signos. El teléfono surge en parte de experimentos en esa dirección. Pese a esto, Graham Bell consideraba que las personas sordas eran una variante deficiente de la raza humana y que no debían tener hijxs entre ellas. Esta era una posición extendida en su época desde la que, para despreciar y prohibir el uso de lenguas de signos, se defendía que la voz oral era una característica esencial e indispensable del ser humano. No tener voz oral, o tenerla rara, era no ser humano o serlo de modo deficiente.
La naturalización de la voz oral como signo de humanidad, junto a las ideologías de la voz que nos atraviesan, ha sido y es una herramienta al servicio de la violencia contra la diferencia: contra personas trans, con pluma, con parálisis cerebral parcial, sordas señantes, migrantes, etc. La naturalización de la voz es también lo que aprovechan empresas como Amazon o OpenAI para tratar de introducirse en nuestras relaciones afectivas cotidianas, y a nosotrxs en las infraestructuras de datificación masiva que alimentan sus negocios militares.
Si bien no creo que la cuestión de la voz sea central al auge de la ultraderecha y su re-institución de patriarcados (tecno)fascistas, sí creo que la naturalización de la voz y sus normas de producción es una parte indisociable de los imaginarios que estos movimientos ponen en circulación.

P. Del mismo modo que investigas sobre la voz, también haces énfasis en la escucha…
R. Como se sobreentiende en lo que dice Amanda Weidman, no hay voz sin escucha que la reconozca como tal y que le atribuya sentido cultural, social y político. La musicóloga Nina Sun Eidsheim llega a afirmar que la mayor parte de la producción vocal se da, no en el aparato vocal, sino en el medio sociomaterial en el que se emite, incluyendo las prácticas de escucha que le dan entidad y sentido.
P. ¿Qué capacidad tiene la voz de articular prácticas colectivas?
R. Leídas desde Weidman y otras autoras como Eidsheim o Rachelle Chadwick, las voces son prácticas colectivas por definición. No solo porque toda voz sea una cita de otras voces, y porque requiera de que alguien escuche para cobrar sentido. Es decir, no solo atendiendo al carácter colectivo de la producción vocal humana. Sino porque en esos bucles de producción vocal y escucha están involucrados múltiples elementos no necesariamente humanos. Desde los pájaros, personajes de ficción y motores de voz sintética que determinan los sonidos que emulamos e incorporamos a nuestras prácticas vocales; hasta los materiales, arquitecturas y medios aéreos, sólidos y líquidos que hacen posible y afectan a la producción y transmisión de las voces.
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